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Etapas del seminario mayor

La referencia a la Iglesia local de pertenencia constituye el contexto imprescindible del proceso formativo.

Éste a su vez, puede ser subdividido en cuatro grandes etapas: “etapa propedéutica”, “etapa de los estudios filosóficos” o “discipular”, “etapa de los estudios teológicos” o “configuradora”, y “etapa pastoral” o “de síntesis vocacional”. A lo largo de la vida se es siempre “discípulo”, con el constante anhelo de “configurarse” con Cristo, para ejercer el ministerio pastoral (RFIS, 57).

Etapa propedéutica: El objetivo principal de la etapa propedéutica consiste en colocar las bases sólidas para la vida espiritual y favorecer un mejor conocimiento de sí que permita el desarrollo personal.


Etapa discipular: Este tiempo específico se caracteriza por la formación del discípulo de Jesús destinado a ser pastor, con un especial cuidado de la dimensión humana, en armonía con el crecimiento espiritual, ayudando al seminarista a madurar la decisión definitiva de seguir al Señor en el sacerdocio ministerial y en la vivencia de los consejos evangélicos, según las modalidades propias de esta etapa.


Etapa configurativa: Al finalizar la etapa de los estudios filosóficos, o discipular, el seminarista, conseguida una libertad y una madurez interior adecuadas, debería disponer de los instrumentos necesarios para iniciar, con serenidad y gozo, el camino que lo conducirá hacia una mayor configuración con Cristo en la vocación al ministerio ordenado.


Etapa de síntesis: La finalidad de esta etapa es doble: Insertarse en la vida pastoral, mediante una gradual asunción de responsabilidades, con espíritu de servicio; esforzarse por una adecuada preparación, recibiendo un acompañamiento específico con vistas a la recepción del presbiterado.